2014/12/04

Paleontológicamente hablando



La primera vez que Mario se adentró por las cuevas de Mairulegorreta tuvo la fortuna de dar con unos restos fósiles de oso cavernario. Formaba parte de una pequeña expedición constituida por dos veteranos del GEA (Grupo Espeleológico Alavés) sin más pretensión que iniciar a otros dos novatos. Tras recorrer varias galerías, llegaron a una sala enorme a la que los miembros del grupo ya habían accedido en varias ocasiones, pero hasta entonces nunca se habían percatado de una pequeña oquedad que daba paso a una especie de falso techo que asemejaba a una litera en la que se encontraban varios lechos excavados en suelo limoso. También aparecían unos arañazos o zarpazos de plantígrado marcados en la pared seguramente con el fin de afilarse las garras.

El júbilo se apoderó de los cuatro espeleólogos. No tardaron en dar con una mandíbula tres o cuatro veces más grande que una humana. Fue la referencia para que se hicieran una idea de lo que tenía que ser aquel gigante. En ese mismo instante la memoria de Mario, caprichosa como todas, accionó el resorte que tanto tiempo llevaba sin funcionar y le trajo los pasadizos de la novela de H.G. Wells “La máquina del tiempo” con los que Mario tanto había disfrutado y soñado en su adolescencia.
 Ya desde muy crío había sido muy reservado. Como más disfrutaba era con su imaginación con la que hacía viajes que poco o nada tenían que envidiar al protagonista de su novela favorita. El Mario adulto no quiso o no supo cambiar mucho esa forma de ser, y se convirtió en una persona introvertida y algo parca en el trato con los demás. La misma persistencia que le   valió para desarrollar sus grandes pasiones, la paleontología y la espeleología, al límite. No habrá agujero en Álava y alrededores por el que no se haya escurrido la figura menuda de Mario. A la vez que exploraba simas y cuevas iba acumulando cajas y más cajas repletas de todo tipo de huesos y fósiles de la fauna de antaño, que luego estudiaba y clasificaba concienzudamente durante las tardes de invierno.

En la historia que les voy a contar, Mario, a pesar de que ya peinaba canas y de todo lo que fumaba, estaba en plena forma. Hacía un par de meses que había descubierto una cueva con un importante yacimiento en el Karst de Itxina que todavía no había hecho público. Era un viernes por la tarde, nada más salir de trabajar cogió el coche con la mochila que había cargado de víspera y se puso en marcha hacia Vizcaya. Aparcó un poco más allá de los últimos caseríos del barrio de Urigoiti de Orozko. Llegó con la luz justa, tanto fue así que no le dio tiempo ni a echarse un cigarro antes de empezar tal y como acostumbraba, y eso que disponía de linternas y carburero en caso de que se le echase la noche encima, pero prefirió no malgastar baterías y carburo y así poder aprovechar al máximo y poder concluir de una vez la excavación que le quedaba de la cueva. A pesar de la carga que acarreaba en la mochila, remontó a paso ligero los casi trescientos metros de desnivel que tiene el farallón calizo, y en algo menos de una hora se plantó en el  impresionante ojo de Atxular.

Desde este arco natural se divisa la inmensa depresión de Itxina. Vista desde allí arriba lo accidentado de su orografía queda suavizado por el contorno de las copas de las hayas que aquel día ya se mostraban en todo su esplendor de colores del otoño, con esa iluminación tan especial que proporciona el atardecer. Pero una cosa es contemplar ese bosque de postal y otra muy distinta adentrarse en él. Basta caminar apenas unos metros por cualquiera de las innumerables sendas que lo capilarizan para darse cuenta de la fusión perfecta entre roca caliza, hayas y musgo, que hacen de él uno de los lugares más mágicos de Euskalerria. La erosión del agua de lluvia ha disuelto y fracturado el arrecife coralino que fue en su día en millones de trozos, cada cual distinto a todos los demás en tamaño, forma y disposición. En medio de este caos de roca, las hayas se las apañan aun así, para encontrar mediante equilibrios increíbles el camino hacía la luz, lo cual contribuye a darle un toque más laberíntico. Con este panorama hasta el más escéptico se imagina gentiles saliendo de las simas o  “iratxos” que le observan maliciosos escondidos entre los helechos y el musgo, o confunde las formas rebuscadas de las ramas cubiertas de líquenes con los brazos fornidos y velludos de los “basajaunes”, e incluso llega a ver surcar entre las copas a la misma “Mari” que mora en la hermosa cueva de Supelegor sita en el corazón mismo de Itxina.

Para Mario, que se había recorrido todo el karst palmo a palmo y era la enésima ocasión que tenía que hacer aquel camino, el factor tétrico se había diluido por completo. Se manejaba con la soltura de un corzo por las confusas y a veces traicioneras sendas cubiertas de pedriza y hojarasca, y solo tenía en mente el llegar antes de que se le echase la noche encima. La mochila tan abultada por el material de espeleología (casco, carburero, bote con carburo, arnés, cuerda de escalada de cuarenta metros, buzo, ropa de abrigo, saco de dormir…) le estorbaba mucho y en varias ocasiones tuvo que pararse a desengancharla de las ramas. Tantas que  llegó a pensar que lo hacían adrede. La oquedad que daba paso a las entrañas de Itxina estaba en un lugar casi inaccesible en el fondo de una de las innumerables simas que abomban la caliza. Sobre todo, el avance fuera de senda durante los últimos cincuenta metros resultaba penoso: había que trepar para volver a bajar losas de un par de metros; reptar entre ramas y hojarasca, que al intrépido de Mario le solían costar unos cuantos arañazos en brazos y cara, algún que otro jirón en la ropa y un montón de juramentos y maldiciones.

Llegó con los despojos de los rayos crepusculares. Sabedor de lo fatal que resulta la mezcla de sudor con el ambiente húmedo y frío de la cueva, se encendió un cigarro y se puso a preparar el carburero con parsimonia. La oscuridad era total, no había manera de que la luz de la luna y de las estrellas se abriera camino entre las hojas que todavía mantenían las hayas. Sin embargo, Mario seguía con su protocolo sin más lumbre que la del Ducados que no soltaba de la boca. Desplegó la cuerda, se cambió la camiseta sudada por una térmica de manga larga, y dio comienzo así al uniforme a capas del buen espeleólogo: una camisa de cuadros vieja, un jersey de lana con agujeros, el buzo azul mahón, y por último, se ajustó el arnés y el casco. Se colgó el carburero a un mosquetón del arnés y lo rellenó con agua para que se produjera la reacción de la que se desprendía el gas acetileno. Accionó el mechero incorporado al casco y se produjo la magia de la llama primero y de la luz después. Recogió la mochila y la cuerda, lanzó una mirada, la del gitano que dicen, alrededor para asegurarse de que no se dejaba nada y se introdujo por una especie de grieta que justo daba para una persona menuda como él. La mochila la llevaba como buenamente podía, unas veces a rastras, otras a empujones. La grieta iba perdiendo altura progresivamente, y cuando parecía que iba a morir en el ángulo, surgía una gatera, por la que tras reptar unos veinte metros, se  llegaba, por fin, a una sala hermosa con sus estalactitas y estalagmitas. Era en esos momentos en los que Mario más se emocionaba con la belleza y con la humildad que le imprimía la silenciosa inmensidad estática de la geología y que, gracias a la soledad, disfrutaba de ella en exclusiva.

De esta sala partían varias galerías, pero curiosamente solo en la de más difícil acceso había encontrado restos fósiles. Primero, había que “rapelar” una caída bastante vertical de una docena de metros, tras lo cual, tocaba arrastrarse de nuevo por otra gatera unos cuantos metros más, hasta salir a una sala bastante más pequeña que la anterior, en cuyo suelo se encontraba el yacimiento, en el que Mario venía trabajando durante todos los fines de semana de los tres últimos meses sin parar. Ya casi había conseguido desenterrar todos los huesos, entre los que había de uro, caballo y hasta de oso cavernario.

Mario alcanzó la sala exhausto tras arrastrar la mochila. Se quitó el casco con cuidado de no apagar la llama y la colocó en un resalte a modo de candil. Apenas hubo recuperado el aliento, se encendió el Ducados y se dispuso a cenar algo frugal antes de acostarse. Fue entonces cuando, tras remover a fondo la mochila y no encontrar la bolsa que buscaba, se dio cuenta de que había olvidado la comida en casa. Estuvo jurando y maldiciendo su suerte durante un buen rato, hasta que consiguió darle la vuelta al asunto. Por lo menos no se había olvidado del agua ni del tabaco, ya que sin cualquiera de ellos, sí que hubiera tenido que volverse. No sería la primera vez que se pasara un par de días sin comer. Estaba claro que no era de mucho apetito. Sustituyó la cena por tres o cuatro cigarros y, cuando por fin le entró el sueño, se acostó.

El hambre le hizo despertar antes que de costumbre. Serían no más de las tres de la madrugada y, como en una cueva sea la hora que sea da lo mismo y como tampoco tenía otra cosa que hacer, se echó un buen trago de agua y con el cigarro en los labios se puso a liberar del suelo unos cuantos dientes de caballo y una mandíbula probablemente del mismo ejemplar. Con ello daría por concluido el trabajo de meses.

Mario estuvo todo el día, entre cigarro y cigarro, desenterrando sin parar. Su idea era terminar cuanto antes para poder aplacar el hambre con algo más que humo y agua. A las diez de la noche consiguió su objetivo. Eso sí, le dolía casi todo el cuerpo y acabó medio mareado de fatiga y hambre. Así que una vez hubo estirado un poco los músculos que más notaba, se metió al saco con la idea de salir de la cueva justo con el amanecer y estar a primera hora de la mañana en algún bar de Orozko para desayunar dos platos y postre.

Se despertó sin saber donde estaba con el ruido de unos gruñidos. Cuando se dio cuenta de la situación, saltó del saco como un resorte para accionar el carburero. Ya con la primera llamita amarilla pudo ver una sombra enorme merodeando por el otro lado de la sala y, cuando la combustión pasó al azul, confirmó que era un oso de tamaño descomunal. La bestia no tardó en dirigirse a la luz que tanto tiempo llevaba sin ver. Mario se acurrucó preso de una extraña sensación de pánico no del todo exenta de curiosidad. El oso siguió gruñendo mientras se le acercaba. Llegó hasta él, lo husmeo de abajo arriba arrugando el hocico y le dijo:

    - De modo que tú eres el que me ha despertado haciéndome creer con ese humo raro que se estaba incendiando la cueva.
Mario se frotó los ojos y las orejas incapaz de dar crédito a lo que estaba ocurriendo.
-      Está bien que me recojas la guarida, porque, la verdad sea dicha, estaba hecha un asco. Pero, ¿quién eres tú para entrometerte en mi vida privada, y encima despertarme de mi letargo en pleno invierno?
-      Estamos en otoño.- Saltó Mario, asombrándose de sí mismo por aceptar con tanta naturalidad una conversación con un oso cavernario.
-      ¿Cómo que otoño? ¿Acaso insinúas que tan solo llevo unos días?
-      Lleva más de 28.000 años. Ustedes se extinguieron en el pleistoceno.
-      ¿Qué quieres decir con que nos extinguimos?- Preguntó el oso en un tono que iba cambiando de la crispación inicial a la confusión actual.
-      Pues que desaparecieron como especie. Que se murieron todos los individuos de oso cavernario del mundo.
-      Y entonces, ¿qué pasa conmigo? ¿acaso no estoy vivo?
-      Oficialmente, es decir, paleontológicamente hablando, no.- Mario consciente de la gravedad de sus palabras, se pellizcó con disimulo el lóbulo de la oreja y sintió dolor.
-      A ver, a ver. Mantengamos la calma, no vayamos a volvernos los dos locos de remate.
-      “Eso mismo digo yo”- pensó Mario sin atreverse a decirlo.
-      Porque yo el recuerdo que tengo- continuó diciendo el oso con aire abstraído- es que aunque no atravesábamos por nuestro mejor momento, todavía quedábamos un número suficiente como para dar guerra durante algún tiempo.

El oso se sentó y se concentró en acordarse de los últimos momentos antes de entrar en el letargo que según aquel intruso se le había alargado bastante más de la cuenta.
    - Ahora caigo -exclamó el oso al cabo de unos instantes- tuvieron que ser aquellos frutos que mi madre ya me aviso de pequeño que de aquello ni probar.
     - ¿No se estará refiriendo a un tipo de amapola?- preguntó Mario empezando a comprender algo de aquel absurdo.
     - Sí. ¿Cómo lo has sabido? A ver si ahora va a resultar que tú también eres un fósil viviente.- le replicó con sorna el oso.
     - Se llama adormidera porque contiene unos alcaloides que son unos narcóticos muy potentes.- Le contestó sin seguirle la broma.
     - Ya y yo me puse morado la víspera.  Y de esa forma, parece ser que debí de entrar en un estado más allá de la hibernación. Hasta que al olor del humo se ha activado mi sistema de alerta y he conseguido despertarme. En fin, vaya liada.- resopló preocupado.- Bueno, y tú, ¿por qué estás aquí? ¿Para qué te das la gran pechada de llevarte toda esa porquería?
      - Mire usted, me llamo Mario…
      - Oye, Mario, perdona que te interrumpa. Nosotros no nos ponemos, quiero decir poníamos nombre. Solo te pido que dejes de tratarme de usted. Tutéame, hombre, que aunque sea bastante mayor que tú, ya llevamos un rato como para tenernos algo de confianza.
      - De acuerdo. Te agradezco el detalle. Como te iba diciendo, soy un humano, un primate que dejó los árboles de la selvas  africanas para adentrarse en la sabana y que luego se extendió por todo el planeta hasta llegar a ser la especie dominante.
      - Sí, en mis tiempos ya se dejaba ver alguno, aunque eran bastante más fuertes que tú- volvió a interrumpir el oso.
       - Me imagino que te refieres a los neandertales, otra especie que tampoco existe ya. La razón por la que me tienes aquí es que soy espeleólogo y paleontólogo. Me dedico a explorar cuevas en busca de restos fósiles que nos sirvan para entender cómo ha ido evolucionando la vida.
       - Ah, ahora entiendo. Pues aprovecha y pregunta si quieres, a lo mejor lo que te cuente te sirve de ayuda en tu trabajo.

Mario no dejó pasar la oportunidad y le interrogó sobre sus costumbres y por sus especies vecinas y su relación con ellas. El testimonio del oso le sirvió para confirmar algunas teorías controvertidas y para refutar otras que ya estaban totalmente asumidas. También le contó la sensación de declive que ya tenía él por aquel entonces, tal y como le había sido confirmado tan bruscamente por Mario.
Posteriormente se invirtieron los papeles de la entrevista, y fue Mario el que le hizo un detallado informe de la actualidad con prólogo de historia natural incluido. Le dibujó un esbozo bastante objetivo de todo lo que había supuesto la entrada en escena de nuestra especie, con toda la deriva de la problemática ambiental y social, haciendo hincapié en las consecuencias, en su mayoría fatales, para el resto de especies animales, y para muestra un botón, nada mejor que la delicada situación de sus parientes los osos pardos.

Transcurridas unas cuantas horas de charla amena, el oso le dijo:
-      Perdona, Mario, creo que me está viniendo un bajón. Será mejor que aproveché la proximidad del invierno para recuperar el dulce sueño en el que me encontraba. Te agradezco que me hayas puesto al día, a pesar de que no han sido precisamente buenas noticias. Si algún día vuelvo a despertar y me da por salir, gracias a ti sabré a qué atenerme.
-      Yo también te estoy sumamente agradecido. Aunque me temo que no voy a poder usarte como prueba para dar fe de todo lo que me has contado. Pero por lo menos ahora ya sé por qué teorías tengo que luchar y por cuáles no. Ya puedes perdonar mi falta de delicadeza para contarte las cosas y el haberte atufado con el tabaco. Es un vicio que no puedo quitarme.
-      Tranquilo, hombre, que ahora me alegro de todo lo que me has enseñado.

Hombre y oso se fundieron en un abrazo desigual, pero no por ello exento de afectividad y emoción. El oso se retiró a su lecho, no sin antes volver la cabeza y guiñando un ojo.
   - Ah y gracias a la paleontología por el zafarrancho de limpieza.
Mario esta vez sí que rió la broma.

…..................................
   

Transcurridos unos días y unos cuantos platos algo más copiosos de lo habitual, Mario todavía permanecía confuso. La verdad, pensaba, que bien pudo ser que el hambre, la fatiga y la sobredosis de nicotina le jugaran una mala pasada y le diera una especie de delirio.
En fin, fuera como fuere, Mario nunca más retornó a aquella cavidad perdida en lo más recóndito e inhóspito del karst de Itxina. Los fósiles que de allí extrajo se los asignó a un yacimiento cercano
descubierto  por él mismo, y fue éste el único renuncio o fraude científico que cometió en toda su carrera científica. Todo ello por evitar la más mínima publicidad.

Testimonios recientes de pastores y excursionistas  de Itxina afirman haber oído en los comienzos  de primavera gruñidos muy diferentes a los que acostumbra el jabalí. Otro estudio realizado por técnicos del gobierno vasco constata ciertas reticencias del ganado, que antes no tenían, a entrar en determinadas zonas, aunque todavía no han podido esclarecer los motivos de este rechazo.






Nota del autor: La historia que aquí se cuenta, salvo los grandes “vicios” de Mario (la espeleología y la paleontología y el tabaco),  es toda ella creación mía. Apenas conocía personalmente a Mario. Alguna vez que me interesé por su labor, me respondió de manera correcta y cordial. Yo le respetaba y, sobre todo, le admiraba por la seriedad y el tesón con el que se tomaba su labor científica. Así que este cuento no pretende ser más que un pequeño homenaje póstumo a su enorme trabajo y a su persona.


Raúl Martínez
2014/11/10

CON LAS BOTAS PUESTAS

Acabo de volver de la ceremonia de incineración de los restos de Mario Laurino. Es difícil de creer; nos sucede cada vez que alguien cercano se va. Mario era cercano, quizá no en su vida y actividades privadas, pero para todos los miembros del IAN su figura y su colección osteológica formaban parte del paisaje. Era extraño acudir a la sede y no encontrarle enfrascado en su tarea de minucioso clasificador.
Seguramente la didáctica no era su fuerte, así que a pesar de que muchos encontrábamos fascinantes sus hallazgos, lo cierto es que Mario era una especie de “lobo solitario” de la Ciencia. A pesar de ello, creo que Mario sí deseaba comunicar y transmitir, de lo que dan fé las deslumbrantes exposiciones que organizó y, por qué no decirlo, sus prolijas charlas cuando tenía oportunidad de disponer de escuchantes. 

Literalmente, Mario arrancó a las entrañas de la tierra capítulos completos de su 
historia. Por desgracia no llegó a escribirla ni publicarla, pero las hojas del libro y los 
párrafos del texto están allí, en las estanterías del IAN, en forma de cráneos y vértebras llegados del lejano Cuaternario. Es posible que el pasado nos interese por lo que tiene de explicativo del presente y de predictor del futuro. Pero ahora también quiero pensar que el trabajo de investigadores como Mario tiene motivaciones mucho más profundas. Porque pueden insuflar nueva vida a criaturas que estuvieron vivas hace miles de años. Si no morimos del todo mientras alguien nos recuerde, entonces Mario tenía un poder auténticamente telúrico, y revivió con su trabajo a uros y osos cavernarios, leones y hienas, linces y rinocerontes lanudos. 

El destino encontró a Mario haciendo lo que deseaba hacer, catalagando simas y 
reconstruyendo el viejo puzle de la vida. Ninguno sabemos el día ni la hora, pero creo que Mario tuvo un privilegio al alcance de pocos. Como el de Custer en Little Big Horn. 

Morir con las botas puestas.

Texto: José María Fernández García
2014/08/19

Salida de Odonatos fluviales cerca de Delika con Josean

Por fin llegó el verano y ese sábado de julio con su salida bienal de Odonatos que los asiduos esperamos con verdadera ilusión tras dos años oteando las aguas e intentando identificar caballitos del diablo y libélulas verdaderas, como nos ha enseñado Josean, claves en mano.  Algunos necesitábamos un repaso urgentemente.

Había además tres personas nuevas en el grupo de 15 que enfiló en Delika, por el camino del Infierno,  nombre del bar del lugar que pasamos alegremente, hacia el agua cercana. Hablábamos del tiempo, que resultaba fresquito, y del viento, que tan poco gusta a las libélulas, y mirábamos con ansiedad el cielo.  Josean nos empezó a explicar en un claro, con ayuda de varias tabletas y buenas fotos de las libélulas alavesas, lo que podíamos esperar ver y encontrar. En ello estábamos cuando se abrieron los cielos y comenzó el diluvio. Corrimos de regreso a refugiarnos en el Infierno, tan a mano y acogedor, donde seguimos con el cursillo, alrededor de un  café, haciendo incluso unos ejercicios de identificación muy entretenidos. Los nuevos salieron de allí preparados para los siguientes destinos.

Nos acercamos a la balsa de la Rondina, aprovechando que había escampado a mediodía, y allí bajo la Peña de la virgen de la Antigua y las montañas azules de la zona, entre Delika y Orduña,  revoloteaba el Anax imperator,  y buscando mucho y usando el cazamariposas pudimos observar de muy cerca otros tres géneros: Coenagrion scitulum,  Ischnura graellsii y Platycnemis latipes.

Josean nos llevó a comer a un rincón muy especial y adecuado par ver Odonatos: la fuente de la teta. Había merendero, fuente  y riachuelo además de un precioso estanque donde se reflejaban los grandes árboles.  Allí fue donde vimos el Calopteryx virgo, ya que la salida estaba centrada en los Odonatos fluviales y este caballito del diablo es grande y de una belleza espectacular. Sólo había un ejemplar porque el tiempo estaba fresquito, pero empiezo a sospechar que Josean les silba y vienen… También aparecieron  Coenagrium mercuriale,
que es además raro, Ceriagrion tenellum y larvas de Libelula depressa.

Para terminar ya en Vitoria, nos acercamos a las charcas de Zabalgana donde avistamos Lestes sponsa y Sympetrum meridonale.

Sin duda, tras este estímulo, los participantes mantendremos los ojos abiertos a estas fascinantes criaturas en los días cálidos del verano,  cuyas costumbres y peculiaridades no dejan de interesarnos y ya sabemos como se las gastan a la hora de aparearse.

Texto y fotos: Carolina Larrosa

Salida de dibujo del natural e iniciación a la acuarela

Durante la mañana que dedicamos a la acuarela el cielo estuvo un poco nublado, uno de esos días melancólicos del verano en que el paisaje se muestra más pesado, sin contrastes nítidos. Nos situamos sobre la colina donde se encuentra el cementerio de Mendijur. A un lado y otro se extienden llanuras que alternan campos de cereal, árboles y pantanos. A lo lejos, las montañas se van aclarando y dan cuenta de las distancias.

Todo esto se encontraba de alguna manera en las acuarelas realizadas por el grupo. Intentando librarse, en la medida de lo posible, de prejuicios, cada uno inició una relación con el paisaje al que se enfrentaba, siendo la acuarela la mediadora entre él o ella y el paisaje.  Antes de comenzar, y para centrarnos en esta idea, leímos esta cita de John Berger:
 
“El impulso de pintar no procede de la observación ni tampoco del alma, sino de un encuentro: el encuentro entre el pintor y el modelo (…)  Cuando una pintura carece de vida se debe a que el pintor no ha tenido el coraje de acercarse lo suficiente para iniciar una colaboración. Se queda a una distancia “de copia”. (…) Acercarse significa olvidar la convención, la fama, la razón, las jerarquías y el propio yo”. (1.)

Tratando de resolver los problemas de representación que el paisaje exigía, cada uno fue elaborando una técnica propia basada en su experiencia particular. Dejando a un lado las convenciones que se le atribuyen a la acuarela comenzamos a pintar observando atentamente la naturaleza pero también prestando atención al comportamiento de la acuarela. En ocasiones aprovechando ciertos “errores” como posibles soluciones técnicas. Aceptando que la acuarela es un medio poco dócil y respetando su naturaleza y cualidades.

En el primer ejercicio tratamos de cambiar la manera de mirar a la que estamos acostumbrados. En su trabajo, el pintor tiene que atender a muchos factores a la vez: claroscuro, dibujo, color, composición... esto puede saturar y bloquear a alguien que empieza a pintar. Para focalizar toda nuestra atención en uno de estos aspectos, se
propuso utilizar únicamente un color. De este modo atenderíamos solamente a las variaciones claro y oscuro. Al mismo tiempo, este ejercicio es un buen entrenamiento para sintetizar y estructurar la imagen.

A medida que avanzaba la mañana y salía el sol, cada cual avanzaba en el camino que había emprendido. En las puestas en común de los ejercicios apreciábamos cómo se había llegado a resultados inesperados y muy diferentes entre sí. Comprendimos que la técnica no era una “manera de hacer” preconcebida sino que surgía de una verdadera relación con el motivo, del estar aquí y ahora.

Gracias por la buena disposición y entrega de todos los que estuvisteis. Los resultados fueron fantásticos. Gracias a Brian y a Begoña por la organización y amabilidad. Espero que repitamos y nos veamos pronto de nuevo.

Raul Dominguez


1. John Berger, Algunos pasos hacia una pequeña teoría de lo visible

Ver mas fotos aqui.

2014/07/15

Observación de Pícidos en Zilbeti 29-30 marzo 2014

Aran Marcos

Pinchar aqui para fotos de la salida.

MARIPOSAS Y MITOLOGIA

La salida en un principio anunciada para el domingo tuvo que adelantarse al sábado ante las previsiones de mal tiempo, lo que motivó que gran parte de los apuntados no pudieran acudir. Finalmente fuimos seis los entusiastas entomólogos que nos juntamos para disfrutar de estos bellos insectos.

Este año contaba además con la novedad de la mitología clásica que curiosamente está muy presente en los nombres científicos de los ropalóceros. Para empezar por el origen de todo, tocó mencionar a Carlos Lineo: Comentamos un poco su biografía, pero sobre todo, su gran obra, Sistema Naturae, en la que propuso una taxonomía sencilla y una sistemática artificial pero muy atractiva, que enseguida tuvo su reconocimiento y fue adoptada por la comunidad científica. Hablamos de cómo desarrolló la ingente labor de poner nombre a cerca de 12.000 especies animales y vegetales, e indagamos en sus virtudes: la capacidad de trabajo y de observación, el carácter metódico, sus conocimientos botánicos y de cultura clásica y la capacidad de persuasión para
"vender la moto” desde Suecia (y sin internet) al resto de Europa; y también en sus defectos: falta de modestia, creacionismo, su presunta obsesión sexual y la “mala baba”, como lo demuestra el hecho de poner el nombre de uno de sus detractores a una mala hierba.

La mañana en el bosque de Armentia transcurrió muy amena entre capturas y “zulas” (más de éstas que de aquéllas, que todo hay que decirlo, en favor de las aparentemente distraídas y frágiles mariposas) y de mitos griegos, que algunas veces nos certificaban lo apropiado del nombre, como en el caso de las engreídas Piérides, que tras perder su apuesta, las Musas fueron transformadas en urracas, y curiosamente las mariposas del género Pieris son blancas con manchas negras al igual que dichos córvidos; o el satírido Pararge aegeria que habita en el interior de los bosques donde abundan las fuentes, como en la que se convirtió la ninfa Egeria Arginys paphia que podría representar las lagrimas de la plañidera Pafia a la muerte de Adonis, o las colas de los liciénidos del género Satyrium que podrían hacer recordar a los cuernos de los sátiros, híbridos de hombre y macho cabrío. Y también los hubo totalmente desconcertantes como los géneros de los Hespéridos Thymelicus (músico) y Ochlodes (tumultuoso).
de tanto llorar la muerte de su querido Numa. Otros eran mucho más inciertos, como el reverso del ninfálido

El recuento dio un total de veinte especies, con representación de todas las familias principales. Lo mejor (aparte de la caña final) un grupo de Meliteas
confiadas que ajenas a todo se daban un festín de polen de centaureas, e
incluso las hubo que se atrevieron a posarse en los entomólogos.

Especies:

Hespéridos
Ochlodes sylvanus
Thymelicus lineola




Liciénidos
Polyommatus escheri
Satyrium ilicis


Ninfálidos
Argynis paphia
Argynis aglaja
Limenitis camilla
Meitea athalia
Melithea parthenoides


Satíridos
Maniola jurtina
Coenonimpha arcania
Brintesia circe
Melanargia galathea
Ararge aegeria

Papiliónidos
Papilio machaon

Piéridos
Colias croceus
Gonepteryx rhammi
Pieris brassicae
Pieris napi
Pieris rapae

Texto: Raul Martinez

Fotos: Brian Webster

Mas fotos aqui  https://www.flickr.com/photos/118485008@N08/sets/72157645573049841/


Ver la ficha de seguimiento de mariposas de Raul aqui  https://app.box.com/s/d4qxo2hfubouob5uon90
2014/03/23

Un paseo botánico por el Cabo de Gata y Andalucía oriental

UN PASEO BOTANICO POR EL CABO DE GATA Y ANDALUCIA ORIENTAL

El pasado 2 de Marzo, partimos hacia Almeria un grupo del Herbario Digital formado por Pello, al mando,Antonio Gonzalez y yo mismo.
Después de un largo viaje de 10 horas, que pasaron volando y nada mas llegar, nos acercamos a la mesa Faro de Roldan, en Carboneras, donde ya enpezamos con plantas como Coris monspeliensis ssp.syrtica y varias más reflejadas en el documento anexo. De postre vimos un gran alacrán.
Al llegar, ya atardecido, al pequeño pueblo de Las Negras (Nijar), nuestra base para posteriores salidas, empezamos a sentirnos como si volviéramos a un lugar añorado sin haberlo conocido nunca, playas, palmeras, rocas volcánicas de antiguas coladas, gente amable y buena cerveza.

El dia 3, después de un copioso desayuno con torrijas y en la terraza, partimos hacia la Rambla de Inox. A pesr del fuerte viento de Poniente, pudimos localizar la Cystanche phelipaea y varias más, en un paisaje propio del Far-West, cortijos abandonados y barrancos solitarios. También intentamos recolectar algunos espárragos silvestres, pero nos desengañamos al lacerarnos todos los brazos. Esa misma tarde, en el cortijo Dacosta, vimos la Osyris lanceolata y posteriormente, tras una larga subida,
azotados por el viento, llegamos a la Torre de los Lobos, donde estaban el Narcissus gaditanus y la Orchis colina. Ya atardeciendo, y mirando el mar, que parecía en ebullición, nos dimos cuenta que eran manadas de delfines saltando. Un dia completo.

El día 4, llegamos al rio Aguas, en el término de Sorbas, y por ahí entramos al Barranco del Tesoro, nombre evocador, pero el paseo puso nuestras fuerzas a prueba, ya que el fondo del barranco estaba cubierto de cañas impenetrables, y la ribera derecha, por donde íbamos subiendo, llena de rocas gigantescas, precipicios y vegetación coriácea. Aun asi, vimos el Antirrhinum controversum y varias plantas más.
Al terminar el remonte del barranco, encontramos el tesoro de Narcissus tortifolis y otras preciosas plantas. Tras un largo recorrido por un paisaje de terrenos brillantes por el yeso cristalizado y profundas simas, llegamos a un providencial puente en ruinas, que, cruzando otro barranco nos permitió llegar al cortijo de Los Yesares, y ya desde allí volvimos al coche y a casa, con el cuerpo agotado, pero con el ánimo alegre por los paisajes únicos que habíamos disfrutado en el karst de Sorbas.

El día 5, según Pello para relajarnos, el plan era un paseo tranquilo desde la Playa de los Genoveses (San José) hasta el faro del Cabo de Gata. Ya en la misma playa, localizamos el Asphodelus tenuifolius.
Siguiendo los acantilados volcánicos de la costa, llegamos a la playa de Monsul, escenario de películas por su belleza y allí vimos la Lobularia libica. Continuando por el interior, con un paisaje de palmeras y agaves y después de muchos kilómetros, viento y sol, llegamos al Cabo de Gata y vimos el Antirrhinum charidemi. El paseito, de 23 km, fue cansado, pero aprovechamos para ponernos morenos y hacer apetito para devorar un cus-cus al que estábamos invitados esa noche.

El día 6, tocaba desierto, concretamente, el de Tabernas, montes y ramblas gigantescas que, aunque de lejos parecían sin vida, poco a poco, nos enseñaron su verdadera belleza. Aparcamos en el Mini Hollywood (el nombre lo dice todo), y allí mismo, en un pequeño barranco vimos el escaso Rosmarinus eriocalyx.
Ya en la Rambla de Tabernas (nada que ver con la de Barcelona), vimos la Forsskolea tenacísima y el Senecio flavus.

El día 7, por la mañana, fuimos a tiro hecho al mismo Cabo de Gata, y, tras una esforzada ascensión, con vistas preciosas a la Bahía de Almeria y unas salinas con flamencos y tras una dura bajada desde el cerro de la Testa y el barranco del Corralete, vimos el Ulex canescens y la Patellaria patellaris. Por la tarde, en la playa de Torregarcia (Retamar),en un paisaje precioso de dunas, nos hartamos de ver el Cynomorium coccineum.

El día 8, tras despedirnos de los amigos de Las Negras, marchamos hacia la Sierra de Cazorla. A nuestra izquierda íbamos viendo la vertiente norte de Sierra Nevada, totalmente blanca. En la subida al Pico Cabañas, y con un paisaje de montañas cubiertas de pinos, vimos el Colchicum triphylum. El camino estaba cortado por la nieve, lo que nos obligo a volver, pero con tan buena fortuna, que en la Sierra de las Villas, en la casa forestal de Las Chozuelas localizamos el Narcissus hedraeanthus. Ya pasado el bonito pueblo de Cazorla, y saliendo de la sierra entre olivares sin fin, llegamos al santuario de santa Maria de la cabeza, donde pudimos reponer fuerzas.

El día 9, la intención era salir pronto para llegar temprano a Vitoria, pero las circunstancias fueron adversas, ya que dando un paseo por los pies del santuario, vimos el Narcissus rupícola y el jonquilla, dos joyas que no se podían quedar sin sus fotos, con lo que al final salimos a las 11, pero, con buena compañía, buena comida y el calor de Andalucia en el corazón, el viaje por La Mancha y Castilla se nos hizo corto y el ánimo nos dice que estamos dispuestos a realizar muchos viajes como este.

Textos de Juan Pedro Solis, fotos de Antonio González y Pello Urrutia

Más fotos en: https://www.flickr.com/photos/118485008@N08/sets/72157642808641753/
Libreta campaña Almería:https://app.box.com/s/bov2kffylllkhe5gfci5

2014/02/25

III Asamblea del Herbario digital Xabier de Arizaga

La Asamblea de este  año del Herbario digital, la tercera de su historia,  se ha celebrado en Lalastra, en el valle de Valderejo, el domingo 16 de febrero. 

La jornada comenzó con un buen paseo mañanero por el desfiladero del río Purón, que estaba cantarín y rebosante de agua y brío.   En esta zona de Álava, muy alta y fría, pudimos ver los amentos de los avellanos, el Durillo en flor y unos pocos Narcissus minor  en la pradera del pueblo abandonado de Rivera. 

Tras el paseo había una visita al Centro de interpretación de Lalastra donde se exponían, en papel y en  gran formato, fotos de flores y plantas del herbario digital. Todas ellas realizadas por los tres, ya expertos, fotógrafos en estas lides: Antonio González, Jose Ramón López y Pello Urrutia.  Las fotos eran tan bellas que nos deslumbraron a todos, incluso a sus autores, sospecho. 

La asamblea informativa, propiamente dicha, se celebró tras una comida en el restaurante de Lalastra.

Lo pasamos muy bien y nos hizo un tiempo magnífico, soleado y frío, con esa luz indescriptible de febrero y una compañía variadísima, llegada desde varios puntos de Euskadi, de Navarra, de Logroño y hasta un francés venido de Mondragón pero nacido en el Macizo central. Todos colaboradores del Herbario o a punto de serlo.

Algunos os estaréis preguntando que son estas asambleas del herbario  digital y en que consisten. Como yo me lo he ido preguntando también a lo largo de estos tres años intentaré daros mi punto de vista tras haber asistido a las dos últimas. Lo primero que se siente al asistir es que es un gran honor ser invitado.
En los dos últimos años he podido comprobar hasta que punto.  La compañía es interesantísima, siempre con gente conocida y gente nueva, pero todos compartiendo un gran entusiasmo por las plantas y la botánica, así como por el Herbario digital. 

En estas asambleas Pello reúne a los colaboradores del Herbario Xabier de Arizaga, incluyendo a los informáticos y a  posibles nuevos fichajes, gente sabia en botánica, en su mayoría, a quien explica el modus operandis del Herbario, es decir, como se hacen las fotos y las fichas y lo que se busca en cada imagen.  Presenta, además, un balance de lo conseguido en estos tres años y se ajustan conductas y se discuten posibles cambios. También se comparten experiencias y se crea hermandad, sin duda.  

Gracias Pello, Jose Ramón y Antonio,  por
mantener día a día con vuestro esfuerzo y entusiasmo un lugar tan increíble, lleno de retos y de proyectos, abierto y  científico; yo diría que es algo  sumamente complejo  pero que con vosotros parece, a veces, asequible y, siempre, natural y sorprendente.  Ese lugar al que me estoy refiriendo es por supuesto el Herbario digital Xabier de Arizaga, que a mi me sigue pareciendo una especie de milagro. Un milagro con crecederas porque el año pasado creció en 871 pliegos. A finales de 2013 el número de pliegos ascendía a 2.748! 

Gracias también a todos los colaboradores. Ha sido otro año inolvidable y como redondo.

Carolina Larrosa

2014/02/21

Los colores de los líquenes


En esta la última charla programada en Ataria con motivo del 25º aniversario del IAN, nuestra socia, Beatriz Fernández Marín, nos acercó al mundo fascinante de los líquenes. A pesar de la lluvia y el frio, acudieron a la cita más de 20 personas, todo un éxito.

En la primera parte de su intervención Bea nos explicó que los líquenes son unos seres enigmáticos, formados por un hongo y un alga microscópica, que se desarrollan en una relación simbiótica que modifica su morfología, fisiología y bioquímica. Debido a su peculiar estrategia de vida y a su pequeño tamaño, pasan a veces desapercibidos. Sin embargo, están intrínsecamente presentes en nuestro entorno (incluyendo el urbano) e incluso en nuestra vida cotidiana (en forma de cosméticos y otros productos). Se estima que el 6% de la superficie terrestre de nuestro planeta está ocupada por líquenes.

Además de desempeñar papeles ecológicos imprescindibles en su medio natural, los líquenes representan una herramienta muy útil en el estudio de la contaminación atmosférica, representan una fuente de recursos aún sin explorar y nos hablan del grado de salud ambiental del lugar en el que se desarrollan.

A continuación, abrimos los paraguas para realizar una breve salida por Salburua con el objeto de recoger unas muestras de los líquenes presentes en el entorno.

En la tercera y última parte de la presentación, se examinó la morfología de algunas especies remarcables de macrolíquenes de Álava y, con la ayuda de diversas guías de campo, se identificaron algunas de las más sencillas

Se extrajeron sustancias liquénicas con disolventes orgánicos y se observó su microcristalización al microscopio. Se emplearon test químicos sencillos utilizados en quimiotaxonomía y se observaron las propiedades fluorescentes de algunas sustancias liquénicas mediante iluminación de los especímenes con luz ultravioleta.

Finalmente, se evaluó la capacidad de los líquenes para sobrevivir en estado deshidratado mediante medidas de fluorescencia de la clorofila durante su rehidratación.



Textos y fotos Bea Fernández y Brian Webster
Como novedad, ahora puedes ver más fotos de la actividad en: http://www.flickr.com/photos/118485008@N08/sets/72157641373985594/




2014/02/05

La Fiesta del 25º Aniversario del Instituto

Cena 25 aniversario IAN

El viernes 29 de noviembre nos reunimos en una cena para conmemorar los 25 años del Instituto Alavés de la Naturaleza.
 La idea surgió del grupo del herbario, que tenían ganas de fiesta, y se incorporó a las actividades conmemorativas después de pasar por la comisión de apoyo que delegó en Carolina la selección de lugar, menú y acompañamiento musical.

La fecha había sufrido varios aplazamientos, el último debido a la muerte de Pedro Uribe-Echebarria, lo cual dio lugar a que la cena de aniversario incorporara un homenaje a Pedro con asistencia de su familia.

La cita fue en el restaurante del Artium y la primera parte estuvo dedicada a saludos y reencuentros. La asistencia fue muy numerosa lo que dio lugar a que nos reencontráramos con personas que por diversos motivos llevábamos tiempo sin ver.

A continuación pasamos al buen yantar, sin descuidar los animados focos de conversación

Y una vez terminada la fase gastronómica pasamos a la musical que también estuvo a la altura. La coral Urkide, dirigida por Maite Gómez, nos obsequió con un programa amplio y variado con canciones en euskera, castellano, inglés, francés e italiano.  

El repertorio incluyó entre otras el Aleluya de Leonard Cohen que primero cantó la coral y que se repitió, como cierre, con la colaboración de todos los asistentes. Fue un estupendo regalo musical y un descubrimiento para quienes no conocíamos a Urkide.

La segunda parte tuvo lugar en la Sala Plaza del Artium, a cargo del grupo folk Parradust.  Aires  celtas, animosos danzantes en la pista y numerosos marcadores de ritmo (sin desplazamientos) con bebida en ristre en la periferia.
Y la fiesta terminó con una sesión DJ de música de los 80  que tenía prevista una duración de tres horas,  de la cual no puedo dar testimonio personal aunque, bien seguro, que hubo buen ambiente hasta el final y un incremento paulatino del personal en pista.


Fue una tarde llena de cosas buenas, amigos, música, el recuerdo de Pedro, y por supuesto un apetitoso menú. Al finalizar hubo un amplio acuerdo en que no hay que esperar 25 años para la próxima. 

Para escuchar las canciones, pincha en las fotos:


































































Textos de Teresa Ruiperez, vídeos de Teresa Ruiperez y Brian Webster 

Nosotros

El Instituto Alavés de la Naturaleza-Arabako Natur Institutua (IAN-ANI) es una asociación cultural y científica, de carácter no lucrativo; se constituyó legalmente en 1988 (registro de asociaciones A/1287/88), aunque tuvo su precedente directo desde 1973 en la Agrupación para el Estudio y Protección de la Naturaleza en Álava (AEPNA). Ha sido declarada, además, de utilidad pública en marzo de 1997.

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